El vicepresidente Vance (a la izquierda de la imagen) y el secretario de Estado Rubio se perfilan como sucesores de Trump. (EP)
Por Javier Ansorena
WASHINGTON,EE.UU./ DIARIO EL CORREO.- Si Marco Rubio parece un presidente de Estados Unidos, camina como un presidente de EEUU y suena como un presidente estadounidense, ¿será el próximo presidente de la superpotencia americana? El runrún sobre la posibilidad de que el secretario de Estado sea el candidato republicano en 2028 ha sonado esta semana pasada más que nunca.
Rubio es el político más en forma del Gabinete de Donald Trump. La amenaza de plantar cara al sucesor aparente del multimillonario neoyorquino, el vicepresidente JD Vance, es evidente. Rubio acumula éxitos, ha esquivado los asuntos más dañinos del regreso a Trump a la Casa Blanca y ha mejorado su ascendencia en la parroquia MAGA ('Make America Great Again', 'Hacer a EEUU grande otra vez'), las bases del presidente. Y si algún día los libros de historia cuentan cómo fue el comienzo de su carrera a la presidencia, el episodio inicial habrá que ponerlo en el pasado martes, 5 de mayo.
Ese día, Rubio se colocó un nuevo traje, el de portavoz de Trump. Compareció en la Casa Blanca para sustituir a la jefa de prensa del presidente, Karoline Leavitt, quien está a punto de dar a luz. La capacidad de Rubio de asumir encomiendas de Trump –secretario de Estado, asesor de seguridad nacional, archivero de EEUU o, como algunos le llaman con ironía, virrey de Venezuela– se ha convertido en meme.
En un momento de la rueda de prensa, un reportero le preguntó si tenía «esperanza en EEUU». Es imposible saber si la pregunta estaba pactada, si la respuesta estaba preparada. Pero Rubio replicó con un minidiscurso que parecía el fin de un mitin: esperanza, valores, unidad, patriotismo, libertad, prosperidad y orgullo destilados en 50 segundos.
Estas fueron algunas de sus frases: «Es la esperanza que espero que todos compartamos. Seguir siendo el lugar donde cualquiera de cualquier sitio puede conseguir cualquier cosa, donde no estás limitado por las circunstancias de tu nacimiento, el color de tu piel o tu etnia», «una historia que no es perfecta, pero que aun así es mejor que la de cualquiera, una historia de mejora perpetua», «cada generación ha hecho a la siguiente más libre, más próspera, más segura», «una nación única y excepcional»…
Éxitos de Rubio, dificultades de Vance
Aquel día, Rubio estaba inspirado. Se movía con soltura y gracia entre las preguntas. Habló en español e italiano. Colocó versos clásicos de rap estadounidense, de Cypress Hill y Ice Cube. Poco después, se le vio haciendo de DJ, pinchando discos en una boda, un ramalazo 'cool' en el tono gris que domina Washington que no se veía desde Barack Obama. Una frase empezó a circular en los móviles de la colina del Capitolio: «Se presenta».
Al día siguiente, el secretario no buscó acallar los rumores. Compartió un vídeo en sus redes sociales con el sonido de esa respuesta en la sala de prensa, mezclado con imágenes patrióticas, del Ejército, de familias estadounidenses, con presencia de Ronald Reagan y con mucho protagonismo de Trump y de él mismo.
Parecía el anuncio inicial de una campaña presidencial.
Queda mucho para 2028, pero la cuestión de la sucesión de Trump está en el candelero desde que recuperó la presidencia en las elecciones de 2024, ya que no puede presentarse a un tercer mandato.
Vance ha sido siempre el mejor posicionado. A pesar de ser un crítico furibundo de Trump en el pasado, se convirtió en una figura MAGA con la fe del converso. Forjó amistades clave –el hijo mayor de Trump, Tucker Carlson– y sus posiciones se alineaban de forma natural con la ideología de 'EEUU primero'. Su discurso en Milwaukee en la convención republicana de 2024 fue impecable. Muchos lo tuvieron claro entonces: el trumpismo tiene banquillo.
Pero, desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, el banquillo ha crecido con Rubio. El secretario de Estado es uno de los pocos miembros de su Gabinete que provoca respeto en las facciones moderadas de los demócratas. «Le gusta a todo el mundo», ha llegado a decir Trump sobre él, en lo que puede incluso percibirse como una crítica.
Rubio debería ser un perfil incómodo para el trumpismo fetén. Es un republicano convencional, moderado, intervencionista en el extranjero. Justo lo que el votante dejó atrás con Trump, que se mofó de él en las primarias de 2016, cuando le llamaba 'Little Marco'.
Trump entregó a su vicepresidente una encomienda envenenada: liderar las negociaciones con Irán para acabar con la guerra
Pero la adaptación de Rubio al mundo MAGA ha sido formidable. Se ha ganado el respeto del jefe y le ha brindado su mejor éxito en política internacional: la operación en Venezuela, con la captura de Nicolás Maduro y la cooperación beneficiosa con su sucesora, Delcy Rodríguez. Y apunta a resultados similares en Cuba. Además, arregla entuertos cuando se le pide –el último, la relación con el Papa– y muestra de puertas afuera una lealtad absoluta al presidente.
Frente a los éxitos de Rubio, las dificultades de Vance. Trump entregó a su vicepresidente una encomienda envenenada: liderar las negociaciones con Irán para acabar con la guerra. Es un asunto especialmente molesto para Vance, que ha tenido que tragarse su discurso contra las guerras en el extranjero para no molestar a Trump, lo que provoca dudas en algunos sectores MAGA. Vance fracasó en la primera ronda de negociaciones con Irán y podría convertirse en la cara de una guerra cada vez más impopular en EEUU.
Trump no se ha mojado entre Vance y Rubio. Es conocido que suele preguntar a sus amigos e invitados quién de los dos debería ser su sucesor. Solo ha dicho que ambos juntos «formarían un equipo imparable» en una carrera a la Casa Blanca.
Pero la realidad es que Rubio vuela cada vez más alto. El problema es que, como Ícaro, sus alas se pueden derretir por acercarse demasiado al sol. Que en el Partido Republicano, como todo el mundo sabe, es Trump.
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