Un coche eléctrico pasa junto a una gasolinera sin combustible en La Habana.AFP
La reunión entre el jefe de la CIA, John Ratcliffe, y la cúpula de seguridad cubana revela hasta qué punto el castrismo ha entrado en fase crítica.
Tras décadas sosteniendo un relato de heroica resistencia frente a EEUU, el régimen trata ahora de negociar con Washington para ganar tiempo y evitar el colapso.
La isla afronta una tormenta perfecta: crisis energética, deterioro productivo, emigración masiva y erosión de la legitimidad interna.
El Gobierno necesita urgentemente combustible, divisas y una mínima estabilidad para impedir que el descontento social, que ya ha cuajado en protestas ciudadanas, desborde un aparato represivo cada vez más debilitado.
Que Estados Unidos baraje procesar a Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996 introduce otro elemento desestabilizador para la tiranía.
No se trata ya solo de presión diplomática o económica, sino de una amenaza jurídica directa contra uno de los pilares históricos del régimen y auténtico dictador en la sombra.
El mensaje es que la Administración de Donald Trump parece dispuesta a acelerar el desgaste definitivo del régimen.
El castrismo sabe que ha perdido gran parte de sus apoyos externos tradicionales. Venezuela ya no puede sostener económicamente a Cuba como en el pasado, Rusia apenas logra ofrecer ayuda limitada y China mantiene una relación más pragmática que ideológica.
La oferta de ayuda humanitaria canalizada a través de la Iglesia Católica y no del Estado cubano supone otro golpe político de enorme calado. Washington está diciendo implícitamente que considera al aparato castrista incapaz o indigno de gestionar asistencia básica para su propia población.
También es una manera de fortalecer estructuras sociales ajenas al monopolio del Partido Comunista y preparar escenarios de transición gradual fuera del control del régimen.
Por primera vez en muchos años y con todas las cautelas sobre el riesgo de derrumbe incontrolado, empieza a abrirse una ventana de oportunidad para la sociedad cubana.
Tras casi siete décadas de dictadura, millones de ciudadanos contemplan esperanzados cómo la tiranía atroz que parecía inamovible empieza a actuar a la defensiva.
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